El asistente te va llevando uno por uno y te dice cuántos te faltan. Cada paso trae la captura real de dónde hay que hacer clic en Binance. Si te quedas a medias, puedes seguir después justo donde ibas.
Generamos un par de llaves en nuestro servidor. La privada nunca sale de ahí, cifrada; la pública es la que Binance necesita. Tú no tienes que instalar nada.
Un botón la copia entera. Es la que vas a pegar en Binance en el paso siguiente.
Te damos el enlace directo a Gestión de API y también la URL para copiar y pegar, por si ya tienes la sesión abierta en otra pestaña. Eliges «Autogenerada» y pegas tu llave.
Desmarcas todo lo demás. Sin permiso de retiro, sin trading, sin transferencias. Solo leer tus órdenes.
Este paso es el que de verdad te protege: aunque alguien consiguiera tu clave, no le serviría desde ningún otro lugar del mundo.
La copias de Binance y la pegas aquí. Comprobamos que de verdad sea de solo lectura y que esté restringida a nuestra IP antes de aceptarla. Si algo falta, te decimos exactamente qué.
Cada día revisamos tu conexión. Si a esa clave le aparece un permiso nuevo o pierde la restricción de IP, pausamos tu sincronización y te avisamos, en vez de seguir usándola como si nada.